Niño de Lana
¿Puede acaso la vida ser tan cruel con un niño?
mientras viajo largas distancias en el transporte publico constantemente me pregunto si la vida puede ser tan cruel con un niño, o acaso es cruel para aquellos como yo que tienen que ser veedores.
en una pequeña sala de una casa de madera una abuelita me relata la trágica muerte de su nuera durante la pandemia dejando huérfanos 4 hijos, el menor de un añito, acto seguido y con el corazón destrozado me relata a muerte de su hijo dos años después. Como ley de vida deben ser los hijos quienes entierran a sus padres y no al revés, y quizás al ver los ojos de la esa viejecita y la forma en que se tocaba el pecho al hablar de su hijo fallecido se podría entender porque los padres no deben enterrar a sus hijos.
Mientras la veo limpiarse las lagrimas, suspirar y mirar al cielo cuando me habla de su hijo mi corazón se estruja, mi mente saboteándome empieza a imaginar que esa mujer podría ser mi madre, podría ser mi abuela, quisiera abrazarle, decirle que todo estará bien, que ellos están en el cielo cuidándole, pero me contengo, solo asiento con la cabeza y aguanto mi impulso de querer abrazarle. Para el momento actual de su relato su nieto más pequeño tiene 5 añitos hablar de él es el equivalente a tener un rayo de sol entrando por la ventana, escucharla contarme sus ocurrencias es casi como recibir pequeñas buenas noticias con intervalos muy cortos, y contarme sobre sus anécdotas es como medicinas de juventud, su rostro se ilumina y hasta su mirada cambia, me habla de su comida favorita, de sus tareas, de lo avanzado que esta en el nido, ya sabe leer, sabe sumar y está aprendiendo a restar. Es un niño avanzado para su edad, mientras verifico con alegría todos los avances del pequeño niño escucho por el pasillo unos pequeños pies muy rapiditos y una voz que viene gritando "Mamáaaaaa loooosaaaaaa, mamáááaa losa" entra por la puertita de madera un pequeño niño con una gorra de lana hecha de todos los retazos de lana que su abuela a encontrado, un chaleco de lana que le llega hasta la rodilla y un pantalón de lana que tiene la rodilla desgastada, es moreno gordito y le falta un diente, puedo notar como los pelitos locos se le escapan debajo del gorrito de lana, lleva un cuaderno de caligrafía bajo el brazo y una cartuchera desgastada con todo tipo de lápices, lapiceros, borradores y colores. El pequeño niño de lana es casi una invitación al abrazo, al cariño y a los buenos deseos, es casi imposible no quererle, me saluda "Buenos días señolita" buenos días niño de lana le digo, le hago cumplidos sobre lo bien que se ve y sobre lo bonito que está, le digo que su abuelita me a contado todo lo buen estudiante qué es y que eso me pone muy contenta, le pregunto a su abuelita si puedo regalarle un chocolate y me dice que sí puedo. Saco un chocolate pequeño de mi mochila y se lo doy, le digo que es un pequeño premio por ser tan bueno y aunque el chocolate es realmente pequeño lo parte en dos y le ofrece un pedazo a la abuelita, que ridícula me he sentido dándole un chocolate tan pequeño a un niño de un corazón tan grande, busco rápidamente en mi mochila más chocolates y le doy los que tengo porque intuyo que querrá invitarle a sus hermanas.
Y aunque a veces los protocolos y las leyes son absurdas ante lo evidente me toca preguntarle si se siente triste al pensar en su Papá y su Mamá y me siento mal por notar que sus ojitos se apagan, entonces se para y me enseña un fotografía grande que esta en medio de la sala, una foto en la que yo no había reparado. Es una foto Familiar donde está su Papá, su Mamá sus hermanas y él en brazos de su madre a penas era un bebé. Y me dice que no esta triste porque sus papás están con Dios. y yo le digo que sí, que así es, que sus papás están con Dios y que le están cuidando.
casi como un peluche que camina se va y trae sus cuadernos donde hay fotos familiares, cuadernos de tareas con caritas felices, notas de la maestra con felicitaciones y orgulloso me las muestra, todas las tareas cumplidas, paso la pagina y encuentro la tarea del día de la madre es una foto de su mamita fallecida con un corazón hecho de papel rasgado que dice "Te amo Mamá" y el le a pegado brillantina por toda la pagina, se acerca a la foto y le da un besito. Casi como un dardo que atraviesa mi corazón pienso que ese niño podría ser mi hijo, mi mente saboteándome empieza a crear escenarios de mi posible fallecimiento, de otra pandemia, de la orfandad, de la viudez. otra vez contengo mi impulso de querer abrazarle decirle que todo estará bien, que todo pasará pronto y que está seguro. Pero solo le sonrío y le digo que estoy feliz de conocerle.
y así es, conocer a ese niño de lana me a abrigado un poquito el corazón.
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