Sam

Para el año en el que cumplía 13 años como Psicóloga ya había tratado a muchos niños, niñas y Madres. Niños engreídos, Niños solos, Padres que se creen niños, etc. Ya me había encariñado con niños que no eran míos, ya había perdido la paciencia con Padres que tampoco era míos y de alguna forma ya había aprendido a que nada me podía afectar desde el otro lado del escritorio. 

Para ese mismo año también ya había cambiado de trabajo a uno en el que yo tenía que buscar a mi Paciente,  se trataban de un programa de asistencia del gobierno en el que el dinero destinado a los niños huérfanos se administraba de la mejor manera posible por el padre o madre sobreviviente, era entonces cuando un Psicolog@ se encargaba de hacer las visitas inopinadas para este tipo de verificación. 

La mayoría de la veces las visita eran esperanzadoras, con potencial, angustiante sí, por el nivel de pobreza de los usuarios, pero de alguna forma también satisfactoria ya que podías notar en su afán de ser hospitalarios las ganas de avanzar en ese proceso que estaban viviendo. 

llamémosle "proceso" a esa etapa con un nivel de pobreza que todos hemos vivido en este país, de cerca o de lejos, este proceso es incierto y no tiene tiempo definido y depende mucho de quienes te ayudan a remar. 

En mi primer día como acompañante profesional llegue con temor  a un lugar conocido como los barracones, no era nada que no haya imaginado, tampoco puedo decir que no me lo esperaba pero iba acompañada y no me sentía vulnerable es increíble como en algunos lugares del Perú un fotocheck o un chaleco rojo con el escudo del estado puede cambiar la visión que otra gente tiene de ti. Y empoderada por esa visión me abrí paso entre callejones sin salida, cuartuchos escondidos, lugares insalubres e inseguros para los humanos sin chaleco y sin fotocheck. Con una sola consigna en la mente encontrar a la menor que figura en mi padrón y salir ilesa. 

la última puerta de un callejón, al costado de un silo y con un plástico que hacia las veces de techo era la "casa" que estaba buscando, encontré la casa y  encontré a la madre pero lamentablemente no encontré a la niña que estaba en mi padrón. A veces para cumplir con los protocolos y la ley no solo necesitas conocimientos, a veces solo necesitas coraje y cuando estas en un lugar así el coraje no siempre se apodera de ti, con el poco de coraje que habitaba en mí decidí pedirle a la Madre que me de acceso a su domicilio para verificar que la menor aun estaba viva o al menos que existía y que tenía pertenencias en esa casa, entré a una habitación que más parecía un agujero oscuro encontré tendido un colchón en el suelo de tierra y en el rincón del cuarto una ruma de ropa vieja y pestilente a simple vista no vi nada en ese cuarto sin ventanas y consumida por el olor a marihuana, orines y basura mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y de pronto allí estaba él, un pequeño niño sucio que me mira asustado, con esas uñitas negras, sin zapatos y con la carita tímida, con esos deditos ansiosos que se tejen entre si  y tratando de hacerse invisible ante mis ojos asombrados, contuve mi instinto de abrazarlo ya que ese niño podría tener la edad de mi hijo, con tanto frío y él en ropa corta, nos miramos y le extendí la mano. ¿ya comiste? le pregunté  enseñándome con sus dedito una taza sucia en el suelo, me arrodille en frente de él y busque en mis bolsillos un chocolate, para ese momento cual león su madre se parada delante del niño para decirme que no tiene DNI y que no es él a quien estoy buscando y ciertamente no lo estoy buscado y legalmente ese niño no existe pero esta allí y nos estamos mirando. Con actitud amable le pido que me deje hablar con él, que me deje tomarle los datos y preguntarle si quiere comer, me ofrezco a comprarle algo y a traerle ropita, le pregunto por su talla, muestro interés en ayudarle. Pero la madre a visto mi asombro por su estado de abandono y su único interés es que me vaya y no regrese, me insta a salir de la casa, me dice que tiene que ir a trabajar y tras ella junto a la ropa sucia se queda el pequeño con un chocolate en la mano, salgo de la casa con la promesa de volver a llevarles algo me despide y solo alcanzo a decirle que volveré pronto, me voy caminando por ese callejón sin salida pero mi mente se a quedado allí, en sus ojitos, en su manito ansiosa, salgo del callejón, salgo del barrio, pero eso no a salido de mi, y constantemente le pienso. 

Ese mismo día hago todos mis informes burocráticos, informo a las autoridades competentes, le hablo a la policía, y todo aquel involucrado en el bien estar infantil, esperando y confiando en que alguien haga algo por ese pequeño niño. 

Esa misma noche hago mis tramites burocráticos con Dios, negociando y ofreciendo por el bienestar de Sam, así se llama el pequeño y mientras rezo veo a mi hijo, lo abrazo, lo beso y es imposible no llorar mientras lo tengo en brazos le doy todo el amor que sale de mí pensando que como especie de milagro algo de ese amor que le doy llegue hasta Sam y que mi abrazo en forma de viento tibiecito lo caliente esa noche, ojala existiera el super poder de aliviar a otros con el pensamiento, ojala pudiera acortar ese proceso y arreglar la infancia de ese niño.

Ojala escribiendo todo esto pudiera alegrar sus ojitos pequeños y darle la vida que se merece. 



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